Evolución Histórica

III.          EVOLUCiÓN HISTÓRICA

Cada sociedad, históricamente, ha creado, y crea, sus propias normas penales, con rasgos y elementos característicos según el bien jurídico que en cada caso se quiera proteger.

En la Edad Antigua no existía un derecho penal formalizado, sino que había toda una serie de prohibiciones basadas en conceptos mágicos y religiosos, cuya violación traía consecuencias no sólo para el ofensor sino también para todos los miembros de su familia, clan o tribu. Si se responsabílízaba a alguien por la violación de una de estas prohibiciones, el tabú, el ofensor quedaba a merced de la víctima y sus parientes, quienes lo castigaban causándole a él y su familia un mal mayor. No existía relación alguna entre la ofensa y la magnitud del castigo.

Las primeras limitaciones a la venganza como método de castigo surgen con el Código de Hammurabi, la Ley de las XlI Tablas y la Ley Mosaica, que intentan establecer una primera proporcionalidad entre el daño producido y el castigo. Este debe ser igual a aquel. Es el famoso “ojo por ojo, diente por diente”, la llamada Ley del Talión. En los casos en que no existía daño físico, se buscaba una forma de compensación física, de modo tal, por ejemplo, que al autor de un robo se le cortaba la mano.

El extenso período que abarca lo que habitualmente denominamos Derecho romano puede ser básicamente divido en épocas, acorde al tipo de gobierno que cada una de ellas tuvo. A partir de la Ley de las XII Tablas se distinguen los delitos públicos (“crímenes”) de los delitos privados (“delitos” en sentido estricto). Los primeros eran perseguidos por los representantes del Estado en interés de éste, en tanto que los segundos eran perseguidos por los particulares en su propio interés. Es de destacar que la ley de las XII tablas no establecía distinciones de clases sociales ante el derecho. Durante la época de la República, solo van quedando como delitos privados los más leves. El derecho penal romano comienza a fundarse en el interés del Estado, reafirmándose de este modo su carácter público. Esta característica se ve claramente en la época del Imperio. Con el desarrollo del período imperial no se tratará ya de tutelar públicamente intereses particulares, sino de que todos serán intereses públicos. La pena en esta etapa recrudece su severidad.

Durante la Edad Media desaparece el Imperio romano, y con él la unidad jurídica de Europa. Podemos distinguir dos épocas, la visigótíca y la Reconquista.

En la primera, las invasiones de los bárbaros trajeron costumbres jurídico-penales diferentes, contrapuestas muchas de ellas a los principios del derecho del Imperio Romano. A medida que el señor feudal fortalece su poder, se va haciendo más uniforme el derecho, como fruto de la unión del antiguo derecho romano y de las costumbres bárbaras. A esta época pertenecen el Código de Eurico, el Breviario de Alarico y el Fuero Juzgo. En esta época tuvo mucha importancia el derecho canónico.

En la segunda época, la de la Reconquista, merecen distinta consideración los Fueros Municipales y la legislación de Alfonso X el Sabio. De esta lo más importante son el Fuero Real, las leyes del Estilo y Las Siete Partidas que constituyen un código aparecido entre los años 1256-1265, que ejerció luego una enorme influencia en la legislación general. Las disposiciones penales de Las Partidas se encuentran en la partida VII, completándose con numerosas disposiciones procesales atinentes a lo penal contenidas en la Partida III. Queda definitivamente consagrado el carácter público de la actividad represiva, y se establece que la finalidad de la pena es la expiación, es decir, la retribución del mal causado, como medio de intimidación, para que el hecho no se repita.

En la Edad Moderna surgen las recopilaciones, la primera el  Ordenamiento de Montalvo de 1845 que recoge, aunque de forma desordenada, diversos delitos.

Después las Leyes de Toro de 1505 con algunas disposiciones sobre el adulterio y los testigos falsos. La Nueva Recopilación de 1567 recoge en el Libro VIII normas penales. Finalmente, la Novísima Recopilación de 1805 dedica el Libro XlI al Derecho penal con numerosos defectos y errores, y ya cuando el Europa triunfaba la idea codificadora.

Finalmente, en la Edad Contemporánea, con el triunfo de la codificación, se dictó el primer Código Penal español en 1822, al que siguieron el de 1848, reformado en los años 1850 y 1870, después el Código de 1928, el de 1932, e! de 1944 y finalmente e! vigente de 1995 aprobado por la Ley Orgánica 10/1995 de 23 de noviembre.

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